sábado, 13 de mayo de 2017

El dragón del tiempo (P4)

Por fin pude salir de aquella trampa para críos. ¿Un dragón que incendia estos busques? ¿Acaso era posible seguir creyendo en esas cosas en nuestros días? Seguro que había sido cualquier chiflado que había dejado un cigarro encendido en el suelo o excursionistas a los que se les hubiera roto una botella de cristal. Me fui al bosque a caminar y despejar la mente, estaba cansada de esas historias de dragones. Había venido a divertirme no a continuar con la misma rutina. Abstraída en mis pensamientos no me di cuenta de que había estado andando más rápido de lo normal. Ahora me encontraba en medio del bosque y había tenido la genial ocurrencia de venir sin antes avisar a nadie lo cual claramente me estaba por pasar factura.
Sin más, simplemente giré 180 grados sobre mis pies y volví por donde había venido sin ponerme demasiado nerviosa ya que eso era lo peor que se podía hacer en momentos como estos, entrar en pánico. Lo que no sabía era que en breves momento mi juicio me fallaría.
Seguí caminando sin parar. La próxima vez traeré agua me dije a mí misma. No podía guiarme usando el sol como brújula ya que este se encontraba en lo más alto del firmamento. Debía de ser mediodía. Tenía mucha sed y comenzaba a creer que oficialmente estaba perdida en el bosque. Era como si estuviera dando vueltas a un mismo lugar, como si me hubiese quedado atrapada en un bucle. No lo podía creer.
Me senté junto a un árbol para descansar. Me gustaba la sensación de libertad que me daba la naturaleza. Cerré los ojos y me centré únicamente en mis sentidos. Respirar el aire puro de la montaña, oler la hierba, escuchar el sonido de los pájaros, las hojas moviéndose al son del viento, el rugido de un dragón,... Espera, ¿el rugido de un dragón? Abrí fuertemente los ojos y vi en el cielo la poderosa figura de un dragón rojo volando sobre los árboles. Sus escamas parecían estar al rojo vivo. Sus extremidades volando relajadamente. Sus uñas grandes y curvadas. Su cola larga y escamada. Un enorme ser que desafiaba a la gravedad elevando su cuerpo con el poder de sus alar.
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