viernes, 12 de mayo de 2017

Bajo la lluvia (P5)

De nuevo, un milagro divino la había salvado de un infierno sin precedentes. ¿Por qué a ella? El señor de la casa permanecía inmóvil tendido en el suelo. Su ángel, su ángel le había vuelto a salvar. Él le tendió la mano. Se encontraba incluso más nervioso que ella temblando en cada gesto. 
-¿Estás bien? -preguntaba nervioso- ¿Te ha hecho daño? Vamos a ducharte así podrás relajarte.
No dije nada solo asentir, no podía creer lo ocurrido apenas unos minutos antes. Pasamos al lado de las otras sirvientas, estaban atemorizadas aunque a la vez aliviadas.
-Vosotras terminaréis las tareas que tenía que realizar Diana en la cocina -ordenó Mario para luego endurecer aún mas las voz-. Como pago por no haberla ayudado. 
Todas se quedaron horrorizadas y supuse que no sería por el hecho de tener que limpiar unas horas extras, sino porque cuando el amo se despertara furioso cual demonio buscaría desahogo en la mujer más cercana. Todas ellas ahora tendrían que limpiar la cocina sin saber cuando despertaría el señor ni a cual de ellas atraparía más tarde para terminar con otra lo que no pudo hacer conmigo. Debí, al igual que Mario, enfurecerme en ese momento, pero no podía. Era un hecho que en poco tiempo se marcharía, él mi ángel que con dos milagros me ha estado salvando, un tercero no ocurriría. Apreté su mano tenebrosa, en una semana nada le impediría a ese hombre atacarme sin preocupación. Se vengaría de eso estaba segura y yo debía prepararme par lo que acontecería. 
-Tranquila -susurró a mi oído-. Se lo que piensas solo tienes que cuidarte bien son dos semanas las que estarás sin mi. Solo dos, tienes que aguantar. 
-Vendrá a por mi Mario -dije sin dudar-. Vendrá a vengarse y no lo podré parar ni tú ni yo.
-Maldito castigo, ¿tan mal obramos?
-Esta es la forma que tiene mi familia de decir adiós. 
-Los odio a todos.
-No te enfades fuimos nosotros quienes fuimos contra las normas impuestas. Ya tuvimos suerte suficiente al poder estar ambos en la mismo cárcel. 
-Escúchame bien -dijo serio levantando suavemente mi mentón para que nuestros ojos se encontraran-. Tan pronto acabe tu castigo vendrá a recogerte. Te estaré esperando estas dos semanas, rezando por ti. Si bien puedo me quedaré cerca de esta casa para colarme por las noches por tu ventana y venir a consolarte, a protegerte. No te pasará nada. Solo tienes que aguantes dos semanas más. 
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