domingo, 14 de mayo de 2017

Gemelos (P5)

Las lagunas de Ruidera era el destino previsto. Acamparían cerca, en una explanada llena de campo.
Jake no tenía tienda de acampada, se la había quedado Jack. Nunca habían necesitado dos tiendas así que nunca compraron otra. Jake tuvo que acoplarse en la tienda de Damian y Jorge, dos empollones sin pizca de gracias con quienes no había tenido más remedio que juntarse. Jack, por su lado, estaba en un grupo formado por tres tiendas. En una dormían él, Juan y Pedro, en otra Isabel y Claudia, y en la última Manuel, Javier y José. Jake no conseguía entender ni aceptar el hecho de que en cuanto empeoró su estado y mejoró el de Jack le dejaron en banda. ¿Cómo pude confiar en gente así? se preguntaba Jake repetidas veces.
Sobre las cinco les dejaron tiempo libre, muchos fueron a ver la gran catarata, otros a seguir las lagunas,..., el toque de queda estaba puesto sobre las nueve.
Jake avanzó impasible detrás de un grupo de chicos, no había tenido valor de ir detrás del grupo de su hermano. Pero en un descuido, uno de los muchos que tenía últimamente, perdió de vista al grupo. Siguió avanzando pensando que si andaba más deprisa los encontraría pero acabó perdiendo de vista las lagunas y se encontró en un bosquecillo, solo y sin saber como volver. 

Jack en el campamento estaba ajeno a las conversaciones que mantenían sus compañeros, solo miraba el reloj una y otra vez. Había pasado más de media hora y no había visto volver a Jake con el grupo con el que lo vio salir y tampoco lo encontraba por ningún lado. Él pensaba que odiaba a su hermano y que estaba mejor sin él pero comenzaba a impacientarse y a sentir verdadera angustia al no saber donde estaba. Consciente de que algo debía de haberle pasado fue a preguntar al grupo de los empollones por él, ignorando por completo a sus amigos que le llamaban. 
Se quedó helado al ver la reacción de esos chicos cuando dijeron que se habían olvidado de Jake. Corrió donde los profesores y estos buscaron preguntando a todo el mundo. Ya eran las diez y media de la noche y nadie lo localizaba, la profesora Carla estaba temblando por haber perdido a un alumno de trece años y el profesor hablaba con los policías. Todos los chicos estaban ya en sus tiendas, todos menos Jack que no podía dejar de recordar una escena pasada similar a esta.
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Gemelos (P4)                                               Gemelos (P6)

sábado, 13 de mayo de 2017

El dragón del tiempo (P4)

Por fin pude salir de aquella trampa para críos. ¿Un dragón que incendia estos busques? ¿Acaso era posible seguir creyendo en esas cosas en nuestros días? Seguro que había sido cualquier chiflado que había dejado un cigarro encendido en el suelo o excursionistas a los que se les hubiera roto una botella de cristal. Me fui al bosque a caminar y despejar la mente, estaba cansada de esas historias de dragones. Había venido a divertirme no a continuar con la misma rutina. Abstraída en mis pensamientos no me di cuenta de que había estado andando más rápido de lo normal. Ahora me encontraba en medio del bosque y había tenido la genial ocurrencia de venir sin antes avisar a nadie lo cual claramente me estaba por pasar factura.
Sin más, simplemente giré 180 grados sobre mis pies y volví por donde había venido sin ponerme demasiado nerviosa ya que eso era lo peor que se podía hacer en momentos como estos, entrar en pánico. Lo que no sabía era que en breves momento mi juicio me fallaría.
Seguí caminando sin parar. La próxima vez traeré agua me dije a mí misma. No podía guiarme usando el sol como brújula ya que este se encontraba en lo más alto del firmamento. Debía de ser mediodía. Tenía mucha sed y comenzaba a creer que oficialmente estaba perdida en el bosque. Era como si estuviera dando vueltas a un mismo lugar, como si me hubiese quedado atrapada en un bucle. No lo podía creer.
Me senté junto a un árbol para descansar. Me gustaba la sensación de libertad que me daba la naturaleza. Cerré los ojos y me centré únicamente en mis sentidos. Respirar el aire puro de la montaña, oler la hierba, escuchar el sonido de los pájaros, las hojas moviéndose al son del viento, el rugido de un dragón,... Espera, ¿el rugido de un dragón? Abrí fuertemente los ojos y vi en el cielo la poderosa figura de un dragón rojo volando sobre los árboles. Sus escamas parecían estar al rojo vivo. Sus extremidades volando relajadamente. Sus uñas grandes y curvadas. Su cola larga y escamada. Un enorme ser que desafiaba a la gravedad elevando su cuerpo con el poder de sus alar.
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viernes, 12 de mayo de 2017

Bajo la lluvia (P5)

De nuevo, un milagro divino la había salvado de un infierno sin precedentes. ¿Por qué a ella? El señor de la casa permanecía inmóvil tendido en el suelo. Su ángel, su ángel le había vuelto a salvar. Él le tendió la mano. Se encontraba incluso más nervioso que ella temblando en cada gesto. 
-¿Estás bien? -preguntaba nervioso- ¿Te ha hecho daño? Vamos a ducharte así podrás relajarte.
No dije nada solo asentir, no podía creer lo ocurrido apenas unos minutos antes. Pasamos al lado de las otras sirvientas, estaban atemorizadas aunque a la vez aliviadas.
-Vosotras terminaréis las tareas que tenía que realizar Diana en la cocina -ordenó Mario para luego endurecer aún mas las voz-. Como pago por no haberla ayudado. 
Todas se quedaron horrorizadas y supuse que no sería por el hecho de tener que limpiar unas horas extras, sino porque cuando el amo se despertara furioso cual demonio buscaría desahogo en la mujer más cercana. Todas ellas ahora tendrían que limpiar la cocina sin saber cuando despertaría el señor ni a cual de ellas atraparía más tarde para terminar con otra lo que no pudo hacer conmigo. Debí, al igual que Mario, enfurecerme en ese momento, pero no podía. Era un hecho que en poco tiempo se marcharía, él mi ángel que con dos milagros me ha estado salvando, un tercero no ocurriría. Apreté su mano tenebrosa, en una semana nada le impediría a ese hombre atacarme sin preocupación. Se vengaría de eso estaba segura y yo debía prepararme par lo que acontecería. 
-Tranquila -susurró a mi oído-. Se lo que piensas solo tienes que cuidarte bien son dos semanas las que estarás sin mi. Solo dos, tienes que aguantar. 
-Vendrá a por mi Mario -dije sin dudar-. Vendrá a vengarse y no lo podré parar ni tú ni yo.
-Maldito castigo, ¿tan mal obramos?
-Esta es la forma que tiene mi familia de decir adiós. 
-Los odio a todos.
-No te enfades fuimos nosotros quienes fuimos contra las normas impuestas. Ya tuvimos suerte suficiente al poder estar ambos en la mismo cárcel. 
-Escúchame bien -dijo serio levantando suavemente mi mentón para que nuestros ojos se encontraran-. Tan pronto acabe tu castigo vendrá a recogerte. Te estaré esperando estas dos semanas, rezando por ti. Si bien puedo me quedaré cerca de esta casa para colarme por las noches por tu ventana y venir a consolarte, a protegerte. No te pasará nada. Solo tienes que aguantes dos semanas más. 
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jueves, 11 de mayo de 2017

Indecisión

Siempre había mirado al cielo y visto la libertad, 
pero miraba al suelo y veía la cruda realidad. 
Sola en mi rincón estaba, 
como siempre sin ser amada. 
A lo lejos los grandes grupos, 
a mi lado los libros míos. 
¿Cuál mejor compañero era? 
La soledad de los libros, 
o la compañía de los amigos. 
¿Y cuál más amigo mío? 
La fantasía de los libros, 
o la arrogancia de lo amigos. 
Sea uno o sea otro 
ambos mal me hacían, 
pues aunque con los libros soñar puedo 
las palabras no articularía 
y aunque con amigos hablar puedo 
la arrogancia me mataría.