miércoles, 2 de septiembre de 2015

Bajo la lluvia (P4)

Desde aquella ocasión cada vez que limpiaba una habitación, cerraba la puerta con llave y habría dos ventanas, una por la que escapar y otra por la que volver al edificio. En una semana se acababa el castigo de mi ángel y así me quedaría yo sola en la casa, sin nadie en quien confiar, y con un pedófilo pegado a la falta de mi uniforme. 
Hoy sigue lloviendo como acostumbra en estas tierras. Mañana necesitaré dos horas para limpiar el patio de todas las ramas, hojas y tierra que trae la tormenta. Pero por lo menos la lluvia, en el fondo, traía algo bueno, muy en el fondo.

Estaba fregando la cocina cuando apareció el señor de la casa. Comencé a sudar, estaba atrapada, la única puerta que había era la trasera pero si salía por ahí me quedaría bajo la lluvia toda la noche.
-Hola guapa, así que resulta que en esta casa tienes a alguien que se ha atrevido a probar tus labios antes que yo -me quedé expectante, no sabía que hacer para escapar y mi cuerpo no parecía querer responder-. Ya veo que si. ¡No lo permito!
Se abalanzó sobre mí como un león en celo arrojando al suelo todas las sartenes y platos que le impedían llegar hasta mí. Atemorizada por que este baboso ser pusiese sus manos en mi cuerpo, comencé a correr en círculos bordeando la encimera. Corrí, hasta que me atrapó.
-Ya te tengo zorra -dijo mientras intentaba zafarme de sus manos.
Era imposible, se había aferrado con fuerza a mi cintura. Con el otro brazo me manoseaba los senos apretando con fuerza hasta el punto de hacerme daño.
Me deslicé hacia el suelo para juntar mis piernas pues, no basto con lo que ya hacía, quería ir a por más. Desesperada y con las lágrimas fluyendo por mis mejillas gritaba a todo pulmón, pero las otras sirvientas, asustadas, no ayudaron en nada. Mi nauseabundo amo estaba a punto de alcanzar su tesoro. Yo, cansada y sin aliento, ya no podía oponer resistencia. Sin fuerzas para más, cerré los ojos y me preparé para el amargo momento, pero entonces escuché un sonido muy agudo, metálico para acto seguido sentir un peso muerto en mi espalda. Lo vi, a mi jefe, tendido en el suelo, inconsciente.
----------------------------------------------
Bajo la lluvia (P3)                                       Bajo la lluvia (P5)