domingo, 17 de mayo de 2015

El dragón del tiempo (P2)

Fui a la cabaña que me habían asignado para pasar el campamento y así poder conocer a quienes serían mis compañeras. Una era una niña pija que no se separaba de su móvil, ni siquiera para saludarme levantó la vista. La otra era una niña de unos diez años que llevaba, por lo menos desde que llegué, saltando de una cama a otra, ¡qué infantil! Se suponía que en cada cabaña había cuatro personas pero estuve prácticamente todo el día pensando que éramos tres ya que la cuarta era tan asustadiza que se había quedado cerca de un monitor durante todo el día. Solo pude conocerla a la hora de dormir, y ni eso pues se metió en su cama tapándose hasta la cabeza, ¡con la calor que hace! Rodé mis ojos, tendría que salir a buscar aventuras yo sola, ninguna de estas tres me podrían acompañar. 
Doblé mi ropa y la metí en el baúl que había a los pies de mi cama. Una cama muy rústica con una colcha a cuadros verde. Desplacé las maletas debajo de la mesa para que no estorbaran. Me quedé mirando a mis compañeras de cabaña. Cada una a lo suyo. No parecían tener intención de salir a explorar, a jugar, a disfrutar del buen tiempo, nada. Seguían cada una a lo suyo como si no existiese. Enfadada por el comportamiento de aquellas tres, me calcé mis deportivas y salí en busca de aventuras. 
La laguna parecía un buen sitio por el que empezar a investigar pero este plan, también, acabó en fracaso. No se bien como pero acabé envuelta por un grupo de críos de diez años que escuchaban con indiscutible atención a los monitores que contaban la leyenda que dio origen a este lugar, la leyenda del dragón del tiempo. 
Todos enfrente del santuario en el que residían un joven y un enorme dragón en el tejado, estaban tallados en mármol por lo que pude observar. No había manera de salir de aquel lugar y estaba harta de escuchar una y otra vez historias de dragones. Yo era inmune a ellas. 
Había venido a este campamento para separarme de las historias de dragones y mitología pero seguía anclada a ellas, ¡qué pesadilla!

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