martes, 19 de mayo de 2015

Bajo la lluvia (P3)

Abrí los ojos de par en par el escuchar un fuerte sonido proveniente del suelo. Me había quedado dormida, casi. Las heridas mucho no me dejaban moverme y como el señor pedófilo de la casa había cerrado todas las ventanas por dentro a fin de dejarme encerrada en el tejado, no podía escapar. Había molestado seriamente al señor y no sabía lo que me aguardaba, ni quería ni estaba preparada mentalmente para afrontarlo. 
Bajé la cabeza y mi mirada se encontró con la suya, con la de mi ángel que había vuelto de la ciudad. Su boca estaba abierta y sus pupilas dilatadas expresando temor y sorpresa. Toda la compra desparramada por el suelo, las manzanas algunas a varios metros de distancia esperaban ser recogidas. Pero no fue el caso. Le rostro de mi ángel pasó de preocupado a sombrio en unos instantes, instantes en los que se alejaba dejándome sola, tan sola como lo estaban las manzanas en el suelo. 
Mi mente en blanco no tenía vida, perdida en el tejado como una nube en el cielo claro. La ventana más cercana a mi posición se abrió de par en par, sobresaltándome. Era él que había salido a buscarme dejando sus tareas a un lado. 
Casi se me sale el corazón de la boca al verle salir al exterior. Con una mano en la madera y otra extendida intentaba sin más, rescatarme de mi casi suicidio. Cogí su mano cálida y me aferré a ella. Me levanté despacio, sintiendo puñaladas en las heridas. Envolvió su brazo en mi cintura y yo los míos en su cuello. Con tranquilidad y sigilo volvimos a pisar con nuestros pies una estancia relativamente segura. Hundí mi cabeza en su cuello, nos abrazamos sin palabra alguna, yo helada, el temblando. 
Me llevó a su habitación para que estuviera segura, mi lugar seguro. Me dio un dulce beso y dijo: ``espera aquí´´ y así hice yo. Se fue, cerrando tras de sí, la puerta con llave. No me sentía asustada ni nerviosa pues el día en que él me dejara, ¿qué más me quedaría? Sabía de sobra que había ido a por las manzanas, su bondadosa alma no podía dejarlas tiradas. Ni, por desgracia, la señora lo toleraría. Al poco volvió con unos utensilios en los brazos. A pesar de no haberme examinado, venía preparado para curar cualquiera de mis heridas, tanto físicas como emocionales. 
Por su ventana veía, la libertad que nos aguardaba.

1 comentario:

Un comentario, una ilusión.

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