martes, 23 de diciembre de 2014

Quiero llegar (P1)

En el frío cielo de invierno apenas había estrellas que contemplar. 29 de diciembre a las ocho de la tarde. Nos encontrábamos en medio de una carretera secundaria. El viejo coche de mi novio estaba para el arrastre. Nos había dejado tirados en medio de la nada. Javi seguía obsesionado con el motor. ¡Está roto! le gritaba. Pero él no reacciona. Les había prometido a mis hermanos que llegaría a tiempo para cenar todos juntos pero... a quien vamos a engañar, ¡es imposible!
-Cathy, el coche no funciona ni funcionará -me dijo mientras intentaba limpiarse las manos grasientas por el aceite del coche.
-¿Estás seguro de que no hay forma de que funcione?
-Tienes un motor nuevo.
-No.
-Pues ahí tienes la respuesta.
-Maldito coche -dije a la vez que golpeaba sus ruedas, de lo cual me arrepentí en cuanto me empezaron a doler los dedos del pie-. Vas a conseguir causarles un trauma a mis hermanos.
-¿Y si vamos andando?
-Hay más de cincuenta kilómetros hasta el pueblo.
-¿Y si hacemos auto-stop?
-¿Por la noche?
-Bueno, por lo menos tenemos donde pasar una noche divertida -dijo sonriendo seductoramente mirando de reojo la parte de atrás del coche.
-Estas loco -me miró nuevamente con esa sonrisa suya- pero por eso te amo.
Dentro del coche no nos hizo falta la calefacción, en medio de la nada, en la oscuridad de la noche y junto al estrés no encontramos mejor forma de esfogar.
30 de diciembre, siete y media de la mañana.
El estrés volvía a apoderarse de nosotros. Seguíamos en medio de la nada y además sin teléfono.
-Ni siquiera podemos llamar a la grúa -dije nerviosa.
-Tranquila yo lo soluciono.
-Pero dónde vas con eso -dije al ver que sacaba del maletero nuestras maletas.
-Tu quieres llegar al puedo y yo he prometido llevarte. 
-No podemos hacer auto-stop, por esta carretera no pasa nadie y menos en estas fechas.
-Lo sé, iremos caminando.
-Pero, ¿Y si nos atropella un coche?
-Tú misma lo has dicho, por esta carretera no pasa nadie. 
-Estás loco de remate -le dije rendida ante su forma de tomarse esta situación.
Pero volvió a sonreír de aquella manera y no pude más que seguirle. Caminaríamos por una carretera durante más de cincuenta kilómetros. Sin saber siquiera si seríamos capaces de llegar a tiempo.
Parecía como si nos siguiera durante todo el camino un gran lobo hambriento. Mis tripas eran capaces de digerir hasta el primer pájaro que volara por el cielo, pero ni eso teníamos. 
-Tranquila, en cuanto pasemos la curva podremos comer en un restaurante.
Me extrañó aquello pues no recordaba haber visto nunca un restaurante en esta zona pero no tuve suficiente ánimo para contradecirle. Pasamos la curva tranquilamente y si, para mi asombro y la alegría de mi estómago allí había un restaurante. 
Dejamos las maletas al lado de la mesa y las chaquetas en el respaldo de la silla. Tan solo había otra mesa ocupada con unos hombres vestidos de uniforme. Uno estaba abrigado por una abundante barba que no me dejaba apreciar sus rasgos faciales, el otro, moreno y de ojos verdes me inspiraba demasiado respeto como para seguir mirándole. Me senté dándoles la espalda y comimos tranquilamente algo no muy pesado pues todavía teníamos otros treinta kilómetros por recorrer. Javi pagó la cuenta, demasiado barata por cierto, y nos dispusimos a recobrar nuestra caminata. Pero al ir a coger las maletas me quedé helada.

domingo, 21 de diciembre de 2014

¡Feliz Nochebuena!

Regresó por mí.

Mi papa no había vuelto. Ya eran las ocho de la tarde. Este año volvería a pasar la navidad en casa de la vecina gruñona, sus hijos son muy brutos y no me quieren. Ni siquiera voy a tener regalos que compensen mi amargura. 
Solo tengo siete años pero sé muy bien que papá no vendrá, nunca llega a tiempo. Se queda hablando con su jefe en un bar como el año pasado y se olvida de mí, o como el anterior que la reunión se atrasó hasta bien pasada la noche. Nunca llega a tiempo. Mamá ya no está, nunca está, ni siquiera sé quien es. Todas las navidades que recuerdo han sido así. En todas me siento mirando en reloj y la puerta, pero nunca llega. El árbol que han vestido los vecinos no me gusta, no tiene adornos y es blanco. El que montamos en mi casa es mucho mejor. Tiene muchas bolas de colores y cintas y luces. Pero esta navidad tampoco lo veré. La vecina gruñona nos llama, todos sus hijos se sientan en la mesa donde hay un pavo gigante. No me gusta el pavo. La vecina gruñona reparte los asientos en la gran mesa pero a mí me pone mi plato en otra mesa más pequeña. <<Para que no estropee las fotografías familiares>> le escucho decir. En mi plato hay siete sardinas. No quiero comer, papá dijo que me traería unas deliciosas pechugas de pollo, pero papá todavía no viene. 
La aguja pequeña del reloj marca las nueve. Todos los niños están abriendo sus regalos. Yo no me molesto en mirar sé que no hay para mí. Me siento en el poyete de la entrada mirando la puerta y el reloj. <<Es para que no salgas en las fotos navideñas>> vuelve a decir la vecina gruñona. Me acurruco junto a la pared, solo quiero desaparecer.
Alguien me está zarandeando. ``Déjame´´ pienso no quiero despertar. No tengo opción y abro los ojos para ver quien es. Papá, papá ha vuelto. Me coge en sus brazos y yo lo abrazo. Su camisa se moja con mis lágrimas. Los escucho hablar, a mi papá con la vecina gruñona, pero me da igual lo que dicen papá ha vuelto.
En casa en la mesa grande están las pechugas. El árbol brilla con las luces intermitentes, es muy bonito. Y debajo hay regalos y sé que estos son mios. Me da igual lo mucho que ha tardado papá en volver, lo ha hecho y ya solo quiero disfrutar de la navidad.
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La navidad es una época especial para los niños.
Todo les da igual, lo único que quieren es divertirse con quienes quieren.
Gracias por visitarme.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Blog literario

Para daros la bienvenida a este blog de lectura no se me ocurre mejor forma que con una historia...
Caminaba despacio, ensimismada, con mi mapa en la mano y la vista en las puertas. Estaba buscando mi clase. Un año más me habían colocado en la lista equivocada. Tres años intenté que me pusieran con mi única amiga, la única persona en todo el instituto que no me odia. Esto nunca lo entendí, ¿qué ha hecho para que todos me odien? Mi amiga tiene una teoría, envidia. La gente envidia mis buenas notas, envidia que ningún profesor me pregunte en clase, pero yo me pregunto, ¿acaso envidian ellos mi soledad? No, no lo haces, solo envidian lo que les conviene.
De vuelta en mi casa mis sentimientos no cambian. Mis padres siempre discutiendo, mi hermana y su orgullo, mi familia reñida. Tampoco aquí encuentro la paz que anhelo. 
Me paso las horas sola, los días sola, los años sola. La sociedad siempre me ha apartado de su lado.
Desde hace tiempo vengo notando como, cada vez con más frecuencia, en mi mente comienza a aparecer un nuevo mundo, un mundo donde, mire hacia donde mire, nunca estoy sola. Siempre que estoy decaída me sumerjo en este maravilloso mundo. El cine, la lectura y la escritura. Aquí huyo. Quiero compartir con vosotros todas las maravillas que ofrece este mundo. Aquí las escribiré para vosotros.
Te gustará este blog si lo que quieres es huir de la realidad.
Lo imposible pasara a ser posible.
Gracias por visitarme.
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